La singularidad de la megahistoria

POR: XAVI BELDA

Se puede afirmar con certeza que el tiempo de la historia automodelada se ha agotado o se agotará en un futuro cercano. Por esto la crisis evolutiva que se aproxima no es una simple crisis como las ha habido tantas, sino la crisis de todo un atractor de la historia de la civilización. Podemos afirmar que es la crisis del carácter mismo de las crisis en el desarrollo de la humanidad, a lo largo de millones de años: una crisis de crisis.

Ya no habrá más efecto de aceleración del tiempo histórico, ya que nos encontramos muy próximos al punto en el cual esta velocidad se vuelve formalmente infinita. Ahora, inevitablemente, el carácter de la evolución de la humanidad debe cambiar profundamente, la historia deberá atravesar el punto de singularidad y avanzar por un curso completamente nuevo. Para la civilización humana llegó el momento de la verdad: lo que habrá en este nuevo curso dependerá completamente de nuestro comportamiento.

Alexander Panov

La singularidad es básicamente una paradoja, un quiebro de la lógica de proceso en una determinada secuencia de datos o acontecimientos.

La megahistoria profundizó sobre la cuestión desde diferentes ángulos, estableciendo determinados eventos evolutivos denominados transiciones de fase. La diversidad de puntos de vista en estudios realizados independientemente resultó un ser un enriquecimiento y una reafirmación de la teoría. De estos estudios surgió el argumento de un punto de bifurcación evolutivo o singularidad, así como su posible datación temporal.

Diversos estudiosos observaron diferentes hitos evolutivos, uno de estos estudios es el trabajo de Alexander Panov “¿Punto de bifurcación evolutivo?”[1].

Transiciones de fase

No es difícil advertir que la duración de las épocas históricas (intervalos de tiempo entre las transiciones de fase) se va acortando progresivamente. Este fenómeno es la manifestación del conocido efecto de “aceleración del tiempo histórico”. Esta aceleración tiene diversas manifestaciones y un modo de dar a este concepto una forma cuantitativa es estudiar la secuencia de revoluciones planetarias.

A la existencia de un límite en la secuencia de transiciones de fase de la civilización humana prestó atención I. Diaconov, y le llamó punto de bifurcación o singularidad.

La velocidad de la evolución tiende a infinito a lo largo de una asíntota vertical.

En la proximidad del punto de bifurcación, la duración de las fases de desarrollo debe tender a cero y la cantidad de transiciones en la unidad de tiempo, a infinito.

Panov se refiere a la constante α=2,67±0,1 denominada régimen de aceleración de magnitud constante.

El análisis numérico (extrapolación de la secuencia de transiciones de fase) muestra que el punto de bifurcación mencionado se encuentra en el año 2015, con un margen de error de 15-20 años, o sea, en el futuro cercano o incluso en el presente.

El régimen de aceleración de magnitud constante lleva a una conclusión inesperada pero completamente inevitable: del modo como se ha desarrollado en el transcurso de 4.000 millones de años, desde la aparición de la vida en la Tierra hasta nuestros días, la evolución puede prolongarse sólo un tiempo finito; es más, estamos ya muy cerca del punto final de esta constante de magnitud de la historia planetaria.

Este resultado es estable, aún dada cierta indefinición en la datación de estos acontecimientos. El límite de esta secuencia se encuentra entre los años 2000 a 2030.

Singularidad

La crisis evolutiva que se aproxima, evidentemente no es una crisis evolutiva habitual como las muchas habidas en la historia del sistema-planeta. Es la crisis total de un camino evolutivo de 4.000 millones de años. Puede afirmarse que es una crisis del carácter crítico mismo de la evolución precedente, una crisis de crisis. Es difícil hacer pronósticos precisos del desarrollo futuro de la civilización, pero hay un pronóstico que parece completamente inevitable: en un futuro visible finalizará el efecto de aceleración de magnitud constante del tiempo histórico, expresado en términos de la secuencia de transiciones de fase, ya que nos encontramos en las proximidades del punto en el cual esta velocidad debería ser formalmente infinita.

La historia debe pasar a través del punto de bifurcación y continuar por un camino completamente nuevo. Nuestro análisis fenomenológico no nos da posibilidad de predecir cómo será ese camino. Este análisis predice, no tanto qué pasará, sino que define algunas limitaciones en las posibilidades de predicción, en el sentido que muestra qué es lo que no puede ser: no puede ser que, en adelante, continúe la aceleración exponencial de la evolución.

Esto diferencia notablemente el mecanismo de superación de esta crisis de singularidad respecto de las crisis civilizatorias anteriores. En aquellas, la evolución siempre tuvo la posibilidad de sacrificar a los subsistemas no suficientemente flexibles de la civilización y, aprovechando la diversidad excedente, transferir el liderazgo a los subsistemas más progresivos. Se puede afirmar que, alcanzando el punto de bifurcación, el nivel de selección se traslada desde lo intraplanetario a lo galáctico y a partir de ese momento, comienza la competencia de la Tierra con otras civilizaciones cósmicas. Aquí no estamos hablando de encuentros directos entre civilizaciones, pero el futuro (o ¿tal vez ya existente?) medio cultural galáctico (si tal cosa en general es posible) estará conformado por aquellas civilizaciones cósmicas que lograron superar el punto de singularidad.

Post-singularidad

En 2006 Alexander Panov participó en un ciclo de conferencias que recoge el Anuario del Centro de Estudios Humanistas de Moscú [2] . En su ponencia el científico abordó algunos planteamientos referentes a la post-singularidad.

No es difícil imaginar al menos algunas de las reacciones conservativas que pueden ser vinculadas a la categoría del humanismo post-singular:

1- Deberán ser trabajados mecanismos muy efectivos de contención de la agresión directa; en caso contrario, la civilización se autodestruirá como resultado de los conflictos internos, relacionados con el déficit creciente de recursos no renovables y el crecimiento simultáneo de la efectividad de la fuerza del armamento.

2- La civilización deberá superar dentro de sí el egoísmo corporativo o estatal y elaborar un pensamiento planetario, ya que los procesos de crisis cerca de la singularidad tienen una magnitud sustancialmente planetaria y pueden ser superados solamente por los esfuerzos conjuntos de todos, mediante el logro permanente de compromisos.

3- En relación con el agotamiento de los recursos no renovables deberán realizarse poderosos mecanismos culturales de contención del consumo material.

4- El crecimiento de la conciencia ecológica deberá llegar a convertirse en un instinto social ecológico.

Un colega de Alexander Panov era Akop Nazaretián, el cual participo también en el mismo Seminario en la URAP. Traemos también aquí algunas de sus conclusiones.

Los cálculos más recientes demuestran que la fase bifurcación al del desarrollo de la civilización humana todavía no ha terminado, pero tocará a su fin en las próximas dos o tres décadas. Así es que la próxima generación tendrá que determinar si la civilización de nuestro planeta será de las que continúen la evolución cósmica o de aquellas que servirán de material de desecho de la Historia Universal.

La misión de supervivencia de la civilización humana consiste en lograr adaptar psicológicamente a la humanidad a los nuevos potenciales tecnológicos. La cuestión principal de nuestra época es si a la humanidad le alcanzará el tiempo para superar la necesidad infantil de “tutela sobrenatural” y madurar, antes de que su extinción sea inevitable; si los seres humanos aprenderán a comportarse según el principio de la solidaridad no-conflictiva (¨nosotros¨ sin ¨ellos¨). Esto depende de muchos factores, entre ellos – la eficacia de la enseñanza tolerante y multicultural, y el desarrollo del pensar crítico paliativo. Un papel muy grande en este sentido lo ejercen los movimientos sociales internacionales que, con su acción, ayudan a superar las fronteras geográficas y psicológicas entre los seres humanos. Un ejemplo notable de tal movimiento es la Internacional Humanista.

Diversidad excedente

Este concepto coincide con los planteamientos de Silo expuestos originalmente en Corfú.

Ley de la superación de lo viejo por lo nuevo. La continua evolución del Universo muestra el ritmo de diferencias, combinaciones y síntesis cada vez de mayor complejidad. Nuevas síntesis asumen las diferencias anteriores y eliminan materia y energía cualitativamente no aceptables para pasos más complejos.

En el momento de la transición de fase, el factor decisivo en muchos casos resulta ser la así llamada diversidad interna excedente del sistema. Se entiende por diversidad interna excedente a aquellas formas de organización que no juegan un rol estructurador significativo en el sistema-planeta y no dan ventajas evolutivas notables en la etapa de desarrollo en curso. Sin embargo, al momento de iniciarse la crisis evolutiva, precisamente algunas de estas formas de diversidad interna excedente dan la respuesta adecuada a la crisis y se convierten en el nuevo factor estructurador para la etapa de desarrollo siguiente. En esencia, esto no es otra cosa que una de las formas de realización del mecanismo de selección.

Desde la escala de lo humano, lo sustancial es entonces aquello que no ocupa un lugar central en la actualidad sociopolítica, sino aquello que es aparentemente irrelevante y en gran medida desapercibido.

Visualizar la diversidad excedente del momento actual equivale a captar la nueva transición de fase que llevará implícito el punto de bifurcación. Aportes de Silo en estudios y charlas de los años 70 ofrecen un punto de vista a la estructuración de la mecánica histórica, estableciendo los siguientes estadios: generación, momento, época, edad, civilización, periodo. En las fases del periodo Silo describe tres fases: materia y vida indiferenciada, historia humana y supraconciencia.

Con las leyes y principios actuantes en el proceso evolutivo, Silo aporta no sólo un enfoque, sino un método de estudio a la megahistoria.

Inspiración

Más allá de lo que hagan las grandes potencias mundiales no está de más denotar el papel que tenemos los seres humanos individualmente.

Los interesados en esta cuestión son mentes inquietas, no importa cuál sea su campo de actuación, ni su pedigree académico; se trata de ganar en nivel consciencia, de poder comprender cómo hemos llegado a este instante evolutivo presente tratando también de captar así el sentido que nos trajo hasta aquí a través de la atención en la observación.

Aspiramos entonces a una inspiración profunda, a una comprensión lúcida. Inspiraciones que aparecieron en pensadores obsesivos a lo largo de la historia, a veces repentinas, a veces soñadas… Cuando ocurren estas comprensiones es como si su sentido viniera del futuro en un momento en el que el pensador está suspendido, en situación de equilibrio y, de pronto, surge el fenómeno de una comprensión súbita; anécdotas históricas dan cuenta de ello.

Otra gran fuerza que puede ser movilizada es la fe en el futuro. El tema de la fe es esencial en el pensamiento científico. Esto quedó claro durante el siglo XX, cuando la ciencia comenzó a resultar muy poco intuitiva. Sin fe en las teorías más increíbles, no hubiera sido posible desarrollar las grandes máquinas de investigación y experimentación que hoy se despliegan a lo largo del planeta y fuera de este.

¿Hay una intención evolutiva en el Universo? ¿Es el ser humano susceptible de ser iluminado? Esto necesita ser planteado y experimentado.

Una cosa sería lograr un estilo de vida más o menos correcto, solidario, compasivo, altruista, armónico y feliz como un gran logro de la humanidad, y otra, afrontar con valentía la necesidad de ser iluminados por el propósito creativo del Universo. Posiblemente lo uno no se podrá sin lo otro, así que sería más bien un proceso simultáneo.

En el famoso mito de la caverna Platón describió que solo podríamos ver las sombras de la realidad, pero la humanidad deberá tratar de salir de ese mundo de sombras y atreverse a abandonar su cueva mental primitiva, señaló el filósofo.

Sobre la fe dice Silo: En la etapa de la cual hablamos, la preocupación está puesta en conocerse a sí mismo, es conocer la propia máquina como condición previa para más tarde poder dejar de ser una máquina.

Y para fundamentar qué implica esto de la fe, dice…

Si he acostumbrado mi mente a desechar el análisis de un fenómeno aislado, desconectado de aquellos otros que lo explican.

Si he comprobado experimentalmente la interconexión de fenómenos y la necesidad de comprenderlos de acuerdo a su posición en una estructura general.

Si entiendo que un sistema cualquiera se comprende teniendo en cuenta el medio en que se desenvuelve, el sistema mayor que lo alimenta y uno menor que recibe del mismo.

Si he comprobado ciclos de una planta que nace, crece y decae, y he relacionado esos ciclos con mis propios ciclos, relacionando velocidades y utilidades.

Entonces diré que comienzo a usar mi forma de pensar relacionante. Y entonces me preguntaré por qué estoy en el Camino. Por qué yo estoy en esta fecha y en este ciclo. Entonces relacionaré grupos y acontecimientos, con la etapa histórica en que vivo, entonces los fenómenos que ocurrirán no se me presentarán aislados como al hombre común, sino relacionados. Esta relación será el hilo de la madeja. La madeja descubrirá el Sentido. [3]

[1] Alexander Panov. ¿Punto de bifurcación evolutivo? 1991. Instituto de Astronomía – Univ. Lomonosov – Moscú

[2] Organizado por el Seminario del Centro Interuniversitario de educación humanitaria en filosofía comparada de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos – URAP, el Centro de Estudios Humanistas de Moscú y la Fundación Pangea de España. Violencia y tolerancia: historia, actualidad y perspectivas. Anuario CEH Moscú 2006.

[3] Silo. Charla sobre la fe. 1968

25.06.2020Javier Belda

xavibelda1@gmail.com

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3 comentarios

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