Personas que trabajan de científicos

POR: Carlos Santos, agosto 2020.

El Buen Conocimiento

Descartes,  gracias a su famoso “Método” y su duda metódica, provocó un avance revolucionario en la ciencia. Él logró el delicado equilibrio de buscar un camino de avance en el conocimiento sin negar a Dios. Quizás este punto fue determinante en la difusión de sus ideas y permitió el impacto que tuvieron en la ciencia, a pesar de la oscuridad medieval de la que se estaba saliendo en esas épocas.

Sin embargo, su frase más famosa “Cogito, ergo sum” (pienso, luego existo) parece que fue simultáneamente publicitada y sepultada. Digo esto porque la ciencia empezó a descubrir el mundo con una velocidad nunca vista en tiempos anteriores y se empezó a olvidar del ser humano en cuanto a su existencia.

La ciencia entró en la carrera de apresar el mundo, develar incógnitas de la naturaleza, explorar los mares y el espacio, y el ser humano deslumbrado ante las maravillas del universo, no se detuvo a pensar ¿y para qué existo? ¡Para qué se iba a preocupar si era muy lindo existir y avanzar en el develamiento del mundo!

En este devenir los hombres de ciencia se erigieron como palabra santa y fueron desplazando a la Iglesia. Las mujeres y hombres comunes supieron que su reinado era de este mundo y que no iban a desviar su mirada de aquellas cosas que les dieran placer, porque un poder no reconocido por la ciencia quisiera arrebatárselo.

Los impresionantes descubrimientos de la ciencia afianzaron la figura de ésta y ya nadie dudó ¿Es científico lo que estás diciendo? ¿Está comprobado científicamente? Pregunta el ciudadano de a pie.

La psicología y las corrientes existencialistas aportaron su cuota de búsqueda en el interior del ser humano pero no fue suficiente. El triunfo de la técnica apoyada en la ciencia hizo sobrevalorar su carácter instrumental y luego todo fue reducido a las “técnicas” para la consecución de objetivos.

La relatividad (Einstein) y la incertidumbre (Heinsenberg) empezaron a considerarse y entonces la ciencia a empezó a reconocer sus dudas. Luego Prigogine, con sus teorías sobre el Caos, los descubrimientos que reescribieron las leyes de la termodinámica y los postulados de la creatividad en la flecha del tiempo, rompió el dualismo del descubrimiento del mundo por un lado y el ser humano por el otro. Este camino que empezó a hacer la ciencia en su seno no fue trasladado al mundo. La ciencia, que era perceptible en la sociedad a través de la técnica, siguió como reina y el ciudadano siguió diciendo ¿está comprobado científicamente?

La velocidad que tomó el avance en el conocimiento en los últimos tiempos fue exponencial. Hoy la ciencia está buscando nuevas respuestas y dudando cada vez más de sí misma. En la mecánica cuántica y su incidencia del observador en los fenómenos, se tuvo cada vez más en cuenta al ser humano en ese sistema conciencia-mundo. Empezó a tener sentido esa frase: “la realidad existe porque alguien la contempla” y, aunque esto fuera sólo discutido en algunas mesas de expertos teóricos, ello significaba un cierto giro en el modo de entender a la ciencia y al ser humano que mira al mundo.

Estos detalles configurarán un cambio del enfoque y pueden abrir la puerta a una nueva época necesaria para la ciencia y, por supuesto, para la humanidad.

Empiezan a romperse paradigmas y todo entra en crisis, no sólo las teorías. En este estadio, la imaginería de la época va mezclando las pseudociencias con la física cuántica y los postulados New Age en una extraña salsa de fin de época.

Pero, ¿qué debería ocurrir para decir que entramos en otra época?. En estos días se conmemora ese horrible acto en contra de la humanidad que significó la barbarie de Hiroshima y Nagasaki al final de la 2a. Guerra Mundial. Dejar de usar la violencia parece un imperativo para considerar que el ser humano salta a un nuevo estadio evolutivo.

Si el ser humano se hubiera dedicado un poco más a la cuestión de “para qué existo”, quizás no habríamos tenido tanta ciencia aplicada al negocio de la muerte, porque si hablamos de una ciencia para hacer más eficaz la violencia, estamos reafirmando el concepto inicial: el hombre entusiasmado en todo lo que podía hacer y descubrir se olvidó de preguntarse para qué existía, y más allá de las respuestas que podamos darnos a esta pregunta, que pueden ser muy variadas, con seguridad podemos decir que el destino del ser humano NO es la aniquilación de otro ser humano.

Hoy a través de las redes sociales y los sistemas de inteligencia artificial con redes neuronales se facilita la adquisición de datos personales a empresas privadas para la manipulación de los ciudadanos al momento de votar o para aumentar sus expectativas de compra. ¿Es ésta la “venerada ciencia”?

Barba non facit philosophum (la barba no hace al filósofo) es una frase que puede imputársele, sin temor a equivocarnos, a la ciencia en general. Ésta no nos va dar respuestas sobre nuestra existencia y el sentido de la vida en general, y,  por supuesto que todos nosotros podemos cuestionar a la ciencia cuando no está puesta en beneficio del ser humano y del avance de la igualdad de oportunidades y la justicia.

Hoy la ciencia cumple un papel central y casi todos los avances que pueden producirse en un nuevo estadio del ser humano  están vinculados con los aspectos éticos de la ciencia.

¿Para qué seguir avanzando sin considerar el “para qué existe el ser humano”? ¿Para qué avanzar sin considerar los efectos a corto y largo plazo de la aplicación de tal o cual avance científico? Hoy muchos científicos están reconociendo la necesidad de abrirse al mundo y ponen en consideración su objeto de estudio y se preguntan por el alcance social de sus investigaciones.

La cuestión ambiental, la manipulación genética, la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología, la exploración espacial son algunas de las áreas más características de la ciencia de hoy y sin duda todas ellas están siendo puestas (lentamente todavía) bajo la óptica de la ética, del sentido mismo de la existencia humana.

¡Hemos pensado bastante amigo Descartes! Ahora quizás podamos existir o pensar cómo existir sin armas, sin monopolios de poder, sin consumismo insano, con un conocimiento para la liberación del ser humano con el Buen Conocimiento que lleva a la reconciliación y a la justicia, no el conocimiento al servicio del egoísmo y la opresión.

Cuando no había ciencia, las hombres primitivos consideraban que los fenómenos naturales eran producto de los poderes de la naturaleza y atribuían una cierta entidad vital a fauna, flora y hasta a los minerales. No sabían cómo se producían los vientos, las olas o los truenos. Luego la religión empezó a poner en manos de los dioses el origen de todos estos fenómenos y finalmente la ciencia dio explicaciones más racionales y certeras acerca de la velocidad de los cuerpos en su caída a la tierra, etc…

Y si bien la ciencia ha avanzado muchísimo en los últimos siglos, en realidad ha aumentado en su capacidad de asombro y sus ganas de seguir avanzando en sus saberes sin conformarse con medias verdades.

Sin la ciencia no podríamos realizar innumerables tareas que benefician al ser humano, pero la dirección que ha tomado es la dirección del sistema mayor que la incluye, como bien nos explicara Einstein en su Teoría de la Relatividad. Con esto estamos queriendo decir que ni la Ciencia ni los Científicos son “malos” per sé, simplemente ponemos de relevancia un hecho insoslayable: la Ciencia, como otras áreas del quehacer humano, es influenciada por el poder y también por la opinión pública, por eso, se hace urgente empezar a pensar que lo importante no es lo urgente, valga el juego de palabras. Lo importante es ser y hacer una ciencia al servicio de la vida.

¿Cómo podría empezar una nueva era? Con personas que trabajan de científicos pero sean ante todo seres humanos que rechacen la violencia en todas sus formas. Esto produciría un cambio absoluto de paradigma y sus consecuencias prácticas serían increíblemente importantes. Los miles y millones de dólares invertidos en la industria de la destrucción posibilitarían erradicar las enfermedades y el hambre en vastas zonas, pero más que nada abrirían el camino en el corazón de la ciencia de un nuevo mundo.

Carlos Santos. Buenos Aires. Argentina. Agosto de 2020.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *